Narrado por Antonella
Me encuentro en la cama, sintiéndome terriblemente adolorida. Me duele la cabeza con una intensidad insoportable, como si me latiera desde adentro. Ha pasado exactamente más del meses desde que supe que estoy trabajando y ayer fue día de pago. Por suerte, logré cubrir el costo de la habitación donde me estoy quedando. Hoy tenía planeado ir a una clínica pública para revisar cómo están mis bebés. Saber si todo va bien, cuántos meses tengo exactamente. No he vuelto a saber nada del idiota de Giovanni, gracias a Dios.
Con esfuerzo, me levanto. Siento un fuerte dolor bajo el vientre. Me quito la ropa lentamente y me miro en el espejo. Mi vientre se ve un poco más grande. Me tambaleo un poco, pero intento tranquilizarme. Entro a darme una ducha, aunque ya sé que el agua nunca sale tibia. Siempre helada. Me baño lo más rápido que puedo, y al salir, tiritando, me pongo un pantalón flojo y una camisa holgada. Tomo mi bolso y salgo del cuarto.
Con lo poco que me quedó de