Debajo de ella, la madera fría del ataúd parecía no solo sostenerla, sino abrazarla con una familiaridad fúnebre, como si el roble mismo hubiera estado esperando durante siglos el peso de su cuerpo mancillado. Catherine sentía en las plantas de sus pies una sensación punzante y conocida, un eco táctil que la transportaba a su pasado como princesa en una tierra que ya no existía más que en los jirones de sus pesadillas. Aquella aspereza del grano de la madera, casi como garras invisibles, le rec