Los apuestos Damasco tenían toda su atención puesta sobre las chicas, las observaban con asombro.
—¡Por Dios, jamás había visto una colección de cuerpos tan perfectos! —jadeó David dejándose caer pesadamente en uno de los camastros de mimbre— ¿Están seguros de que son completamente humanas?
—Por supuesto que son humanas, tonto —gruñó Daniel echándose hacia atrás y sirviéndose un trago largo de su coctelera— pero hay que reconocer que estas mujeres no son como las demás, podría apostar que hay al