Dina no podía creer que frente a ella estuviera su amada, tuvo que luchar por contenerse y no arrojarse a sus brazos.
— Dina... —la voz temblorosa de Tanya rompió el silencio mientras daba unos pasos hacia su amada— por favor, te lo suplico, no cometas esta locura, no te cases con ese hombre, con ese desconocido. ¡Tú me amas a mí!
Los ojos de Dina se llenaron de lágrimas al ver la desesperación reflejada en el rostro de Tanya, negó lentamente con la cabeza, incapaz de encontrar las palabras par