Al día siguiente por la mañana, Sarah y Katrina fueron dadas de alta del hospital, lucían aún pálidas por el esfuerzo del parto. Las Coldwell y los Damasco las acompañaron hasta la nueva casa, la abuela Greta, había insistido en que volvieran a la mansión Coldwell.
—Es lo mejor para las niñas.
Vanessa, fue quien respondió.
—No, abuela, esta es nuestra casa ahora. No volveremos a vivir bajo tus reglas.
Greta frunció el ceño, pero no insistió, las chicas habían cambiado; Ya no eran las marioneta