Dante observaba a Vanessa, embelesado, no podía evitarlo, era hermosa, siempre lo había sido, pero ahora, sabiendo que llevaba a su hijo en el vientre, Dante la veía diferente. Había algo en ella, una especie de brillo que resaltaba su belleza y lo dejaba sin palabras.
Se quedó mirándola, nervioso, con el corazón latiendo acelerado.
—Vanessa —logró murmurar Dante, dando un paso hacia ella.
Ella apretó la carpeta contra su pecho y retrocedió un poco.
—Dante, yo… solo vine a recoger unas cosas y