Mundo ficciónIniciar sesiónEl mal se esconde entre las sombras las sonrisas fingidas son como el viento, rápidas y seguras. Una sola bala es suficiente para arrasar con todo a su paso, Días fríos y lluvioso a la espera de aquellos asombrosos labios púrpura. Un secreto y un encanto atrapante… Su sonrisa es capaz de tener a cualquiera a sus pies… Un juego del cual la única salida es la muerte… Este juego comienza y solo termina cuando ella lo decida…
Leer másEstoy tranquila en mi oficina, el bullicio de hoy ha terminado, y al final de todo, yo no fui la que hice algo malo. Miro por la ventana y veo como el atardecer comienza a caer en el cielo despejado, la puerta se abre, esta golpea con la pared, sé perfectamente quién ha ingresado a este lugar, pero no me inmuto. Mi vista sigue sobre los archivos sobre mi escritorio, ni siquiera me importa quién ha llegado y mucho menos lo que a continuación sucederá. — ¡No lo tienes permitido! — y el escándalo se dispara en la oficina. — ¡Es mi jodido paciente! — no me inmuto, no me interesa lo que él desea justo ahora. — ¡Mírame cuando te hable! — siento como su mano me toma de la mandíbula. Ah no, ¡en mi jodida guardia no! De un golpe lo empujo muy rápido, su espalda golpea automáticamente la pared, su sonrisa de cinismo no se hace esperar. — ¡No te permito venir a mi oficina y tocarme de esa manera! — no se inmuta, me giro para dejar de verlo. — Así que lárgate de aquí. — Ni en tus mejores sueñ
Chanel:Hoy el clima está en mucho mejor aspecto que lo habitual, el cielo despejado me recibe al salir a la calle, las nubes en este me hacen saber que no lloverá, al menos no por el momento, todo se ve muy bien, excelente para comenzar el día y de la mejor manera posible.Ajusto muy bien la bata a mi cuerpo y me adentro a los pasillos de las instalaciones. No he recibido ninguna llamada, eso ayuda mucho, ninguno sospecha de nada. Me detengo en seco cuando veo una escena algo perturbadora, aunque bueno, para mí no lo es.— ¿¡Dónde está el doctor Rhett!? — grita con mucho nerviosismo el enfermero.— ¿Qué sucede? — Evan llega a su encuentro.Me mantengo al margen por unos segundos más, estoy alejada lo suficiente como para que no me vean, pero si para escuchar, es lo único que me importa justo ahora.— El paciente cuatro está fuera de control. — capta toda mi atención por completo. — Me ha atacado, no sé como actuar, no consigo al Doctor Rhett y él solo quiere ser atendido por la Docto
Narrador Omnisciente:Unos tacones resonaron por todo el lugar, el frío se escabullía de forma rápida, el sitio estaba totalmente a oscuras, pero aun así no se detuvo en ningún momento, era importante lo que haría a continuación.Él había llegado de su largo viaje y ahora se hallaba allí solo por ella y su magnífico plan.— ¿Todo listo? — preguntó de forma pensativa al encontrarse con aquella chiquilla, que es toda una adulta ahora.— Por supuesto, siempre estoy muy lista, para todo. — aquello lo hizo sonreír.La conocía, él la había formado, a pesar de sus estúpidos padres, Dominick fue el que siempre la comprendió, porque él mismo era igual a ella.— Tienes a tu disposición todo mi equipo, no dudes de eso. — asintió sin dejar de mirar la pantalla de su teléfono. — ¿Comenzarás ahora?— Así es… ¿Y qué mejor cosa que comenzar contigo? — la sonrisa de ambos se elevó con cinismo.Un viejo dúo hecho tal para cual, uno que desde el principio se habían entendido a la perfección, conocían su
Chanel:Ocho de la mañana y por primera vez venía por mi propia voluntad a la casa, abrí la puerta con lentitud, traté de no hacer mucho ruido, la cerradura seguía siendo la misma. Al entrar en el salón principal no vi a nadie, caminé a la cocina y revisé la nevera, no mentiría, tenía hambre, solo un poco.— ¿¡Qué haces aquí!? — su grito no me alteró, solo sonreí, que imbécil.— Ah, es el idiota. — me miró de arriba abajo.— Y tú la puta. — me reí en su cara, era tan patético para los insultos.— ¿Es lo mejor que puedes decirme? — su molestia era muy notoria en su rostro. — Te creí más inteligente, vamos, te doy otra oportunidad.— ¡Cállate, puta! — se abalanzó sobre mí, pero antes de que yo pudiera siquiera golpearlo o él a mí, mi padre lo detuvo.— ¡Suficiente! Deja a tu hermana en paz y te largas. — murmuró con molestia entre dientes.— ¡Claro a la niña siempre lo mejor!— Basta envidioso, que no te quieran no es mi culpa. — sus ojos destilaban furia.— Acabaré contigo. — me burlé





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