Chanel:
Ocho de la mañana y por primera vez venía por mi propia voluntad a la casa, abrí la puerta con lentitud, traté de no hacer mucho ruido, la cerradura seguía siendo la misma. Al entrar en el salón principal no vi a nadie, caminé a la cocina y revisé la nevera, no mentiría, tenía hambre, solo un poco.
— ¿¡Qué haces aquí!? — su grito no me alteró, solo sonreí, que imbécil.
— Ah, es el idiota. — me miró de arriba abajo.
— Y tú la puta. — me reí en su cara, era tan patético para los insultos.