Lyra
El aire dentro de la cabaña era pesado, cargado con el olor metálico de la sangre y el aroma rancio del polvo acumulado por décadas. Pero por encima de todo, predominaba el hedor dulzón y corrosivo de la plata quemando carne licántropa. Kael yacía sobre el colchón desvencijado, su pecho subiendo y bajando en espasmos cortos y superficiales cada vez que su corazón luchaba por latir, el lazo de Mate me enviaba una descarga de agonía que me hacía apretar los dientes para no gritar.
— Alpha