Lyra
La biblioteca quedó sumida en un silencio solemne tras la salida de Kael y Dorian solo el chisporroteo de la leña en la chimenea acompañaba el latido apresurado de mi corazón. Me giré hacia Silas, que me observaba con ojos empañados por la fatiga y el afecto.
Me senté a sus pies, apoyando mi cabeza en sus rodillas, tal como lo hacía cuando era una niña y él me contaba historias sobre los antiguos reyes lobos.
— Ha pasado tanto tiempo, Silas... —susurré, sintiendo que las lágrimas que ha