Kael
El hedor a perfume artificial de Lia y su presencia desnuda sobre mis sábanas eran una bofetada helada después de la intensidad de Lyra. Me quedé parado en el umbral de mi habitación, el recuerdo del Trato de Sangre y el sabor metálico de la posesión en mi boca me hacían sentir náuseas.
Ella me miraba con la confianza de quien sabe que es un premio su sonrisa era calculada, no genuina.
— Kael, cariño. ¿Qué haces ahí? —dijo, estirando una mano hacia mí—. Ven, la noche de bodas es en dos