El convoy avanzaba con precisión militar ensayada. En el centro de la formación iban los autos blancos de lujo, resguardados por una fila de SUV negros de seguridad apostados tanto delante como detrás.
Toda la disposición era deliberada; una fortaleza blindada sobre ruedas en la que cada giro y cada cambio de carril se había planeado con semanas de antelación.
Dentro del SUV blanco principal, Mercy iba envuelta en un silencio solemne. El velo le caía sobre la cara, y la larga y delicada cola de