La catedral quedó en suspenso mientras los minutos se alargaban en una tensa espera. La emoción callada del inicio se convirtió en una incertidumbre densa. Los murmullos se extendieron entre la multitud de invitados poderosos, sentados bajo los grandes arcos de la Catedral de Carminton. La gente se preguntaba por la ausencia de la novia y temía que algo hubiera salido mal.
En el altar, Aurelian seguía quieto. Se mantenía firme y erguido, con los ojos agudos y atentos, a la espera. A su lado, Ken