La finca Townsend fue quedando en silencio a medida que caía la tarde. No era un silencio verdadero, sino más bien una calma que se asentaba, esa quietud densa y expectante que sigue a un día de decisiones de alto riesgo y tensiones calladas. Afuera, el cielo pasó de un dorado profundo y amoratado a la tinta aterciopelada de la noche.
En un salón privado, Mercy estaba de pie junto a la ventana, con su reflejo fantasmal proyectado en el cristal que se oscurecía. Los últimos días le parecían un su