Clarissa Townsend estaba de pie junto al amplio ventanal de su salón privado, con la vista fija en la finca que se extendía a sus pies. Desde esa altura, el mundo parecía ordenado, bajo control y del todo predecible, tal como a ella le gustaba.
Su reflejo le devolvía la vista, elegante y tranquilo, sin rastro de la tensión que se había apoderado de la sala de juntas un rato antes. Pero sus ojos la delataban, agudos, alertas, calculando sin cesar.
Tomó una copa de vino y dio un sorbo lento y deli