La mañana del lunes en Wyndham Holdings transcurría tan ajetreada como de costumbre. Los asistentes iban y venían entre los departamentos. Sonaban los teléfonos. Las conversaciones en voz baja se mezclaban con el murmullo de un imperio empresarial en movimiento.
Mercy McKnight trabajaba concentrada y tranquila. Sostenía una tableta mientras varios documentos impresos estaban ordenados frente a ella, incluidos informes financieros, desgloses de inversión, proyecciones de proyectos y más. Tenía qu