Habían llevado a Dora de urgencia al hospital, y ahora la casa volvía a estar en silencio.
En el dormitorio, Isla estaba de pie junto a Aurelian. La tensión de la noche la oprimía. Aurelian estaba sentado al borde de la cama de sus padres, con los pies pequeños apenas rozando el suelo, mirando a su madre mientras ella caminaba de un lado a otro de la habitación.
Isla no lograba decir nada. Cada vez que lo intentaba, la escena horrible se le repetía en la mente: Dora gritando y llorando de dolor