El beso fue apasionado. Gabriel no se apartó enseguida. Se aseguró de reclamar cada rincón de la boca de Isla y le robó el aliento.
Por unos segundos, el mundo a su alrededor se desvaneció. No había isla ni mansión, ni amigos mirando. Solo estaban Isla y Gabriel, tan cerca que compartían el aliento, con el amor impreso en cada segundo del beso.
Entonces los aplausos de sus amigos rompieron el momento. Aplaudieron, vitorearon y silbaron. Era un momento feliz.
—¡Por fin! —gritó Peter, riéndose a c