—¡Abuela! ¡Abuela!
Elara corrió hacia Diana en cuanto bajó de la camioneta. Diana soltó una carcajada y se le iluminó la cara de la emoción. No los esperaba. No hubo llamada, ni mensaje, ni aviso de su visita. Elara rodeó con sus bracitos la cintura de Diana y apoyó la cabeza contra su vientre, como suelen hacer los niños, disfrutando del consuelo que eso le daba.
Era su abuela favorita. Uno a uno, el resto de la familia fue bajando de la camioneta. Gabriel se acercó a Charles y le estrechó la m