Capítulo 229
Gabriel e Isla llegaron al terreno de la nueva ciudad que ella había empezado a construir antes de irse.

El auto fue frenando hasta detenerse y, antes de que Isla pudiera siquiera preguntar nada, Gabriel se aseguró de que la fina tela negra que le había atado sobre los ojos le bloqueara la vista.

Cuando se abrió la puerta del auto, Gabriel bajó primero y luego ayudó a Isla con cuidado. Se quedó pegado a ella, sujetándole la mano con firmeza y rodeándole la cintura con el otro brazo.

Seis guarda
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