Para cuando Gabriel e Isla llegaron al hospital, todo había cambiado ya. Betsy había dado a luz. Había traído al mundo a una niña hermosa.
La habitación se sentía distinta desde el momento en que entraron. Estaba tranquila, cálida, llena de felicidad y paz. El aire traía sonidos suaves de máquinas que pitaban con delicadeza, voces bajas y la respiración tenue de una recién nacida.
Betsy estaba recostada en la cama del hospital, con la cara pálida pero radiante. Aún tenía sudor pegado a la piel y