La cara de Isla se suavizó en cuanto el pequeño entró a la habitación del hospital. Aunque estaba cansada y aún se recuperaba, le salió una sonrisa fácil al verlo.
—Ven aquí, Desmond —dijo con dulzura—. Ven a saludarme.
Extendió la mano y dio unas palmaditas en el espacio vacío junto a ella. Pero Desmond no se movió al principio. Desmond recorrió con la mirada la cama del hospital y se asustó. Odiaba las camas de hospital. En su mente, eran lugares donde a la gente le ponían inyecciones, inyecci