El doctor Matt administró con delicadeza un medicamento transparente por la vía intravenosa de Isla. Sus movimientos eran tranquilos, sin apuro, pero aun así a Isla la ponía nerviosa verlo trabajar. Cuando terminó, revisó otra vez sus signos vitales; sus ojos iban del monitor al portapapeles que tenía en la mano. Anotó algo rápido en la historia clínica y volvió a dejarla en su sitio, junto a la cama.
Gabriel permanecía en silencio cerca de su esposa, mirándolo todo con plena concentración y la