Capítulo 120
Por supuesto. Tenía que tratarse de Delphine.

Siempre era por Delphine.

La audacia de aquella mujer, entrando a un club, interrumpiendo la velada y atreviéndose, encima, a hablar de la antigua amante de su esposo, le hirvió la sangre a Isla.

Pero antes de que pudiera decir nada, la voz de Gabriel sonó baja y firme.

—Madre —dijo, con un tono de furia contenida—. Te lo voy a decir una sola vez: no vuelvas a mencionar el nombre de Delphine delante de mí ni de mi esposa.

Anna abrió los ojos de par e
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