¿Y ahora qué?, pensó Mercy.
Permaneció inmóvil detrás de su nuevo escritorio ejecutivo, mirando la superficie pulida como si allí fuera a encontrar una respuesta.
Hacía apenas unos instantes, le había costado asimilar el ascenso repentino. Un nuevo cargo, un nuevo poder, nuevas expectativas. Y ahora, al borde de todo ese cambio, se presentaba justo la distracción de la que había intentado huir.
Su pasado. Su madre.
Mercy cerró los ojos un momento y exhaló. No necesitaba pensarlo demasiado para