Su voz era seductora. Incluso peligrosa. Y Gabriel le temía a eso. Sus manos la sujetaron con fuerza por la cintura, como si no pudiera decidir si atraerla o alejarla. Su pecho subía y bajaba con fuerza.
Era obvio que luchaba contra sí mismo. Una parte de él la deseaba con desesperación, con avidez. Pero otra parte gritaba que no, pedía a gritos control, distancia.
El corazón de Isla latía descontrolado. Por primera vez, sentía que tenía el control. Quería que él sintiera lo que era estar confun