El tipo abrió la boca, quería decir algo, pero no le salieron las palabras. Vio la furia en los ojos de Gabriel, esa clase de autoridad que retaba a cualquiera a desafiarlo. Tan solo la presencia de Gabriel era intimidante.
Isla se quedó paralizada. también quiso decir algo, pero prefirió no hacerlo. La mirada de Betsy iba de uno a otro, con los ojos abiertos de par en par por la sorpresa, todavía con la copa en la mano.
—Cielo —dijo Gabriel en voz baja—. Ya nos vamos.
Fijó la mirada en la de Isla.
“¿Cielo? ¿Desde cuándo?” El corazón de Isla se aceleró, no por amor, sino de pura incredulidad. Nunca antes la había llamado así. “¿A qué está jugando ahora?”
Aun así, decidió seguirle el juego. No quería hacerlo pasar una vergüenza en público, ni frente a sus socios, ni frente a desconocidos que pudieran reconocerlos. Después de todo, eran los Wyndham. Un escándalo ahí se extendería como pólvora.
—Está bien… —murmuró Isla. Se giró hacia Betsy y sonrió de forma forzada—. Amiga, nos vemos el