Gabriel llegó al Hospital Wyndham y fue al último piso, donde se encontraba la imponente oficina de su madre.
En cuanto entró, su madre levantó la mirada de su sillón de ejecutiva y lo recibió con una sonrisa afectuosa. Delphine también estaba ahí. Se puso de pie, rodeó el cuello de Gabriel con los brazos y se inclinó para besarlo, pero se detuvo.
Gabriel arrugó la frente, confundido por la actitud de Delphine.
—¿Qué pasa?
Su expresión cambió y la sonrisa se le borró. Se notaba molesta.
—Traes un labial que no es el mío. Se supone que debería enojarme, ¿no?
Gabriel se pasó el pulgar por el labio inferior. Al ver la ligera mancha de color, se encogió de hombros, restándole importancia.
—Pues es el de Isla. ¿Cuál es el problema?
Delphine entrecerró los ojos, pero volvió a sentarse. Su descontento era obvio. Anna señaló las sillas frente al escritorio.
—Siéntense. Necesito hablar con ustedes.
Gabriel tomó asiento junto a Delphine, con una postura relajada mientras dirigía la mirada hacia