El aire dentro del Santuario de Elyndor era denso y cargado de energía antigua. Mientras el grupo avanzaba, las antorchas en las paredes se encendían solas, iluminando el largo pasillo de piedra con una luz azulada.
—Bueno… esto sí que es impresionante —comentó Kael, girando sobre sus talones para admirar la arquitectura del lugar—. Casi me dan ganas de portarme bien.
Bella sonrió, cruzándose de brazos.
—¿Casi?
—Lo intenté.
Alaric avanzó hasta una gran puerta de madera con inscripciones doradas