El aire en el castillo estaba cargado de energía mientras el grupo se preparaba para un nuevo día de entrenamiento. La guerra se acercaba, y cada uno de ellos debía estar en su mejor forma. Sin embargo, dentro del frío de las piedras antiguas y el peso de la responsabilidad, las bromas de Kael lograban mantener el ambiente ligero.
—¿Seguro que puedes moverte bien, Rhidian? —preguntó Kael con una sonrisa burlona mientras se estiraba. —Digo, con la cantidad de marcas que traes en el cuello, pensé