Kael siempre había sido el tipo de persona que encontraba algo gracioso en cada situación, incluso cuando estaban al borde de una guerra que podría acabar con todo lo que conocían. Para él, el humor no era solo una forma de lidiar con el miedo, sino su forma de vida. Y ahora, en medio de todo el caos, no iba a cambiar eso.
Deslizándose por el pasillo del santuario, Kael giró la cabeza hacia Bella, que caminaba a su lado con el ceño fruncido, concentrada en el libro que sostenía en sus manos.
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