El entrenamiento en el castillo continuaba con la misma intensidad de siempre, pero había algo distinto en el ambiente. Kael no dejaba de lanzar miradas socarronas a Tara, y ella empezaba a ponerse nerviosa.
—¿Qué? —preguntó finalmente, cruzándose de brazos.
Kael sonrió de lado y señaló su cuello con un gesto exagerado.
—Nada, nada… Solo que alguien parece haber tenido una noche muy intensa. —Su tono era burlón, y al instante, todas las miradas se volvieron hacia Tara.
Bella se inclinó, mirándo