La alarma resonó por toda la mansión, interrumpiendo el entrenamiento. Rhidian y Tara salieron apresurados al balcón que daba a los jardines delanteros. Desde allí, una extraña niebla oscura comenzaba a rodear los terrenos. Se movía como si tuviera vida propia, reptando con un propósito malévolo.
—¿Qué demonios es eso? —preguntó Tara, su voz cargada de alarma mientras retrocedía instintivamente.
Rhidian apretó los puños, su mandíbula tensa.
—Los Tejedores están aquí.
Tara sintió un escalofrío r