El silencio entre ellos estaba cargado de emociones no dichas. Rhidian se quedó quieto, mirándola con esa intensidad que hacía que el aire pareciera más denso. Su cercanía, ahora más íntima que nunca, era un recordatorio constante de que sus corazones latían al unísono, aunque la guerra y los misterios los rodearan.
Tara se giró hacia él, sus ojos buscando los de Rhidian. Había algo en su mirada: una mezcla de determinación y vulnerabilidad que lo desarmaba cada vez. Como pareja, se entendían m