El sol ya comenzaba a ponerse, tiñendo el cielo de colores cálidos que contrastaban con la frialdad que Tara sentía en su interior. La mansión, a pesar de su grandeza, le parecía un lugar extraño, vacío, como si las paredes susurraran secretos que no estaba lista para escuchar.
Había pasado toda la tarde entrenando, pero algo había cambiado. Mientras se encontraba en el claro, sus poderes se desbordaron de manera que no podía controlar. Y aunque intentaba centrarse en las instrucciones de Rhidi