El amanecer bañaba la mansión con una luz dorada, pero dentro de sus muros, la atmósfera seguía cargada de tensiones no resueltas. Tara no había dormido. Entre las palabras de Rhidian, la interrupción de Emma, y la aparición de Caleb y Seraphine, sentía que su vida había cambiado por completo en cuestión de días.
Ahora estaba sentada en la biblioteca, con el diario abierto frente a ella. Los símbolos y palabras antiguas parecían cobrar vida a medida que los estudiaba. Su conexión con Lilith era