Umara dio un paso atrás, en cuestión de segundos Cassandra se había movido de su posición contra la pared , llegando peligrosamente cerca de ella, incluso con los barrotes de por medio.
Tragó en seco.
El aspecto de Cassandra era deplorable, estaba sucia y despeinada, su piel tenía un color paliducho, enfermizo. Sus ojos estaban hundidos y sus labios resecos y cuarteados. No quedaba rastro de la mujer altanera y hermosa que tantas veces había intentado humillarla.
—No necesito tu lástima.- espe