Un año entero estuvo el joven Alessar repitiendo su rutina de buscar a la ninfa del bosque y acompañarla en su canto con sus aullidos.
Ella siempre salía del lago, completamente desnuda y mojada, su extremadamente largo y dorado cabello ya casi tocaba el suelo.
Sin embargo, una tarde, mientras ella rascaba sus orejas, y acariaba su grande lobo y fauces, él no lo soportó más, regresó a su forma humana y la llenó de besos desesperados.
La joven ninfa rió.
Protestando que ella siempre había sabido