Umara:
—Había oído que una nómada era esposa del Emperador y que esa mujer era capaz de realizar grandes prodigios. Como no te encontré entre las víctimas de la matanza creí que tal vez habías escapado y arribado aquí. He estado en la ciudad desde hace una semana, intentando comprobar si la Luna eras tú o no, incluso pedí una audiencia en Palacio, pero me la concedieron para dentro de un mes.
Mis mejillas se tiñen de rojo.
—Lo cierto es que madre me vendió a un mercader de esclavos, y él me tra