El bullicio de la planta baja, donde los niños aún discutían nombres y los tíos planeaban estrategias empresariales, se sentía como un rumor lejano. En la suite principal, el aire era denso, cargado de esa melancolía dulce que precede a las grandes despedidas. Amelia estaba recostada entre los almohadones y, a sus pies, se encontraban sus dos pilares: Emilio y Memo.
A pesar de ser hombres adultos que habían enfrentado crisis corporativas y peligros reales, e