La habitación privada del hospital se sentía extrañamente silenciosa. Ricardo y Alessandro se habían retirado al pasillo, dejando a los tres hombres solos en el epicentro emocional de la tragedia.
Guillermo seguía en la cama, pálido pero lúcido, procesando la absolución de su hermano. Emilio estaba sentado en una silla a su lado, la adrenalina de la prisión dando paso a un profundo agotamiento. Luca permanecía