Llegaron al ala de habitaciones privadas del hospital. Alessandro los guio a una puerta donde Ricardo estaba de pie, vigilando, su rostro demacrado por la preocupación.
—¿Cómo está? —preguntó Emilio en voz baja. —Dormido —susurró Ricardo—. La Dra. Navarro le dio un sedante fuerte. Dijo que el shock fue... extremo. Ha estado preguntando por ti, Emilio.
Emilio sintió una punzada de culpa. —¿Está... enojado? Ricardo lo miró con una tristeza infinita. —Está destrozado. No enojado. Solo... roto. E