Mientras en la planta alta se derramaban lágrimas de confesión y alivio, en el despacho de la planta baja el aire vibraba con el sonido de la eficiencia. Luca Bellini no era un hombre que se sentara a esperar que los problemas se resolvieran solos; él ya había leído la tristeza en los ojos de Emilio y Memo al mencionar el regreso a México.
Sentado frente a su tío Alessandro y a Ricardo, Luca tenía varios mapas corporativos extendidos y una terminal abierta con datos del Grupo De la T