El trayecto desde el Policlínico Gemelli hasta la Villa Bellini fue una procesión de cuidados extremos. Luca, ignorando las protestas suaves de Amelia sobre su capacidad para caminar, la cargó en brazos desde el vehículo hasta la suite principal. Para él, Amelia ya no era solo la mujer que amaba; era el santuario que albergaba el milagro más grande de su existencia.
—Riposa, amore mio (Descansa, amor mío) —susurró Luca mientras la depositaba con delicadeza sobre los almohadones de se