Cuando el coche de Luca cruzó los portones de la Villa Bellini cerca de la hora del almuerzo, el ambiente ya vibraba con el ajetreo de las maletas y los preparativos finales. Luca y Amelia bajaron del vehículo radiantes; había una luz en sus ojos y una soltura en sus gestos que no pasó desapercibida para nadie. Alessandro y Ricardo, que tomaban un aperitivo en la terraza, intercambiaron una mirada de complicidad al ver la sonrisa de "recién casados" que ambos portaban.
Tesoros del Tr