La amenaza de Luca, "Voy a destruirlos. A los dos", quedó suspendida en el aire viciado de la suite del hotel. No era un grito; era una sentencia pronunciada con una frialdad que helaba la sangre.
Ivanka dejó escapar un sollozo ahogado, retrocediendo hasta que su espalda golpeó la pared. Se deslizó por ella hasta quedar sentada en el suelo, su histeria reemplazada por un terror paralizante. Se abrazó el vientre. —No... por favor... mi bebé...
Lombardi, por su parte, estaba roto. La doble revel