Mundo ficciónIniciar sesiónEl eco de la operadora —«El número que usted marcó no existe»— seguía resonando en la mente de Guillermo mucho después de haber guardado el teléfono. Era un eco metálico y frío que se mezclaba con el pitido rítmico de los monitores que mantenían a su madre anclada a la vida. Sentado en la incómoda silla de plástico junto a la cama del hospital, Guillermo se dio cuenta de que el mundo, su mundo, no solo se estaba cayendo a pedazos. Ya se había hecho cenizas.
Jamás pensó ver a su madre así,






