Se separaron en el estacionamiento. Habían acordado investigar cada uno por su cuenta, un pacto sellado en silencio. Ricardo volvió a su departamento en Polanco, pero el hombre que entró no era el mismo que había salido. El dolor lo había galvanizado. El tequila quedó olvidado en la barra.
Su misión era clara y tenía tres frentes. Primero: encontrar al dichoso doctor Lombardi. Segundo: destruir a Noah, financiera y legalment