Mundo ficciónIniciar sesiónDe vuelta en el hospital, en la quietud de la madrugada, Guillermo se había quedado dormido en el incómodo sillón de la sala de espera.
Emilio, sin embargo, estaba despierto. La adrenalina y la sospecha eran un estimulante más potente que cualquier café.
El nombre "Alessandro Bellini" y el rostro del hombre que se presentó solo como "Alessandro" daban vueltas en su cabeza. La escena con su tío Ricardo le pareció extra&ntild







