—Está bien, te dejaré ver.
—Pero prepárate, porque el de tu hermana es un espectáculo.
Asustado, tragué saliva.
Nunca antes había visto la vagina de una mujer, así que me sentía emocionado y ansioso a la vez.
Pero, tras esperar un rato, Paula sacó una muñeca y la puso frente a la cámara.
Riendo a carcajadas, dijo: —¿Qué te parece? ¿Verdad que mi vagina es bastante preciosa?
—¡Maldita sea, Paula, me has engañado!
Estaba tan enfadado que no pude evitar soltar un fuerte insulto.
Paula, sin embargo